- De bajón en bajón. De lágrima en lágrima. Tristeza.
Lo echas de menos, ¿y qué haces? Llorar. Entonces tu único consuelo es la
almohada, lloras por un chico. Por un chico que durante una semana te ha hecho
reír, llorar, sentir, creer, disfrutar. Y sin saber ni porque ni como, llega un
día y lloras como nunca antes habías llorado. La rabia corre por tus venas y te
preguntas “¿Por qué maldita distancia? ¿Por qué no me dejas verlo todos los
días?” Tu cabeza hecha un lío, tu rímel corre por las mejillas, y las lágrimas
las moja. Descargas toda tu rabia e impotencia en la pared y lo pagan tus
nudillos. Rojos, sangre, dolor. Pero entonces piensas, te miras las manos y
sigues. Porque el dolor que tienes en el corazón es mayor que el que tienes en
las manos.
By: [Vod]kalise.
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